Amnistía Internacional Granada (AI) quiere recordar que la pena de muerte es la forma más extrema de tortura, y poner de relieve los vínculos entre la pena de muerte y el uso de los malos tratos y la tortura, prohibidos por las normas internacionales de derechos humanos y el derecho internacional humanitario.
Algo que se refleja en el caso del japonés Hakadama Iwao, que lleva 43 años esperando a ser ejecutado en Japón. También los activistas de la organización en todo el mundo trabajarán para impulsar el fin de la pena de muerte en Bielorrusia, el único país europeo que todavía lleva a cabo ejecuciones, las dos últimas este año.
Amnistía Internacional ha informado de millares de ejecuciones llevadas a cabo en 23 países en 2010. Al final de 2010 había al menos 17.800 personas condenadas a muerte en el mundo, a la espera que los gobiernos las mataran.
La pena de muerte es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante. La falta de humanidad de su aplicación se pone de manifiesto en casos de todo el mundo. Los condenados describen sus terribles condiciones de vida en la prisión, la angustia de estar esperando su ejecución, en muchos casos por haber “confesado” bajo tortura un delito que aseguran no haber cometido.
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